Los huevos Benedict son un clásico desayuno que ha ganado popularidad en todo el mundo por sus ricos sabores y deliciosas texturas. Originario de Estados Unidos, este plato consiste en huevos escalfados sobre un muffin inglés tostado, acompañados de tocino canadiense y generosamente bañados en una cremosa salsa holandesa. La combinación de la salsa mantecosa con la yema cremosa crea un equilibrio irresistible.
Para que la salsa holandesa quede perfecta, mantén el fuego bajo mientras bates y añade la mantequilla poco a poco. Si la salsa te parece demasiado espesa, unas gotas de agua tibia pueden ayudar a aligerarla. Para darle un toque diferente, considera añadir espinacas o aguacate salteados para darle una versión moderna a esta receta tradicional.
El origen exacto de los huevos Benedict es objeto de debate, pero se cree que el plato debe su nombre a un corredor de bolsa de Wall Street llamado Lemuel Benedict, quien los pidió en el Hotel Waldorf de Nueva York a finales del siglo XIX. Su sabor intenso y suculento los convierte en una opción predilecta para brunchs y ocasiones especiales. Además, ha inspirado innumerables variaciones en todo el mundo, demostrando la versatilidad y el atractivo de los huevos en la tradición culinaria.
Este plato es muy personalizable; puedes sustituir el tocino canadiense por salmón ahumado para darle un toque especial o incluso usar verduras asadas para una opción vegetariana. Cada variación aporta un sabor único, conservando la esencia de este clásico del brunch.